Por Javier Blánquez
¿Es el Groove Parade una rave o no lo es?
Desde el momento en el que se puede leer en la web oficial de Florida
135 un ensayo como este, indiscutiblemente no lo es. No hay el factor
clandestino, no hay la prohibición, ni siquiera hay la desorientación:
todo el mundo puede saber tres meses antes cuándo, dónde
y quién sin peligro de que ningún agente de la ley le
muela los huesos. Pero eso, ya se ha dicho, ocurre en todas partes.
Las raves sólo son reflejos de lo que fueron, y la conclusión
a la que se debe llegar es que una rave actual -aunque algunas canónicas
existen: hay que bucear mucho en el underground para dar con ellas-
tiene el encanto de que captura el "espíritu" de aquellas
fiestas originales. Y en ese sentido, el Groove Parade puede considerarse
como uno de los mejores ejemplos de la consecución, a modo de
homenaje, de ese modus operandi.
El factor esencial está en abrir los ojos
y comprobar cómo la luz solar se derrama sobre la vista. Himnos
absolutos de la música de baile como "The Sun Rising"
(The Beloved) o "Belfast" (Orbital) han conseguido ser la
descripción perfecta de una salida de sol tras una noche bailando,
un instante de felicidad máxima. En el Groove Parade sale el
sol, la felicidad se ensancha y la gente sigue al pie del cañón.
Pero hay más factores desequilibrantes: llegar es sencillo, pero
no siempre. Encontrar la antigua masía perdida en medio del desierto
donde el Groove Parade enciende su mecha tiene su misterio, y sólo
llegar implica un mérito añadido. Pero si hablamos de
una fiesta ejemplar, es porque el Groove Parade, además de capturar
la esencia de la rave, innova en su campo: el concepto "raverbena",
introducido por el periodista Luis Lles, implica la combinación
de techno y los elementos clásicos de una verbena de pueblo,
platos tradicionales y sabor campestre.
Así pues llegamos a este punto: el Groove
Parade merece el reconocimiento por haber conseguido armar un evento
con todos los ingredientes necesarios, con la sensación de aventura,
de incógnita, de hermandad, de entrega y de fiesta sin fin. Una
perfecta fusión entre tradición y avance, original y epatante
en lo musical. Y es que el cartel de esta octava edición (el
próximo 20 de julio) sobresale en su line up: Slam, Richie Hawtin,
John Acquaviva, Francesco Farfa, el jungle de Fabio, el mago del techno
detroitiano Derrick May (que tras la edición del hace dos años
repite) y la coolness de Jazzanova. Además, los mejores DJs españoles,
cuatro escenarios y comida para todos. Mírese por el lado bueno:
no sólo tenemos la mejor imitación de rave posible, sino
que encima se come bien. Aunque sea una vez en la vida, hay que verlo.